Antes de dormir siempre reviso la estufa. Me paro frente a ella y reviso las llaves del gas. Las cuento, una a una, cerciorándome que estén bien cerradas. 1, 2, 3, 4, 5. Y otra vez. Y otra vez. Hasta sentir que estoy segura. Doy dos pasos y me regreso a contar una última vez, o dos. Si estoy en la cama y me he olvidado de hacerlo, me levanto.